La historia de alias ‘Yenny’ y alias ‘Lorena’, dos mujeres que escalaron posiciones dentro de las disidencias de las FARC bajo el mando de Iván Mordisco, es también la historia de cómo los celos, la ambición y la lucha por el poder pueden desatar tragedias incluso entre los más cercanos al jefe guerrillero. Ambas mujeres compartían un pasado en la organización criminal, un lugar destacado en la estructura armada y una relación de confianza con Mordisco, quien veía en ellas piezas clave para sus operaciones en el sur del país.
Alias ‘Yenny’ era reconocida por su capacidad estratégica y su manejo de los esquemas de seguridad del líder guerrillero en departamentos como Caquetá y Amazonas. Según informes de inteligencia, supervisaba corredores de envío de cocaína hacia Brasil y tenía bajo su mando cerca de 100 hombres. Esa lealtad y su efectividad en las operaciones llevaron a Mordisco a recompensarla con joyas, vehículos e incluso propiedades en San Vicente del Caguán, hechos que despertaron la molestia de Lorena.
Alias ‘Yenny’ jefe de seguridad de Iván Mordisco
Alias ‘Lorena’, también cercana sentimentalmente a Mordisco, temió que el ascenso de Yenny amenazara su estatus y su influencia dentro del grupo. Los roces entre ambas crecieron al punto de convertirse en un conflicto abierto. La tensión llegó a su punto máximo cuando Lorena, según versiones de inteligencia, decidió planear la eliminación de su rival para recuperar el control que sentía perder.
El 1 de octubre, Yenny fue enviada a la zona selvática de Mirití Paraná, presuntamente para un intercambio de mercancía. Sin embargo, ese sería su último viaje. En la profundidad del Amazonas, un grupo de hombres la rodeó y le comunicó que cumplían órdenes de Lorena. A pesar de sus súplicas y promesas de dinero, Yenny fue ejecutada en un acto que mezcló venganza, ambición y traición.
Días después, las disidencias aseguraron en un comunicado que Yenny había muerto en combate contra la fuerza pública, pero al interior del grupo todos sabían la verdad. Lorena no solo se quedó con sus propiedades, sino también con la confianza reforzada de Mordisco. Su caso ilustra cómo, dentro de las disidencias, la lucha por el poder no distingue jerarquías: cualquiera puede ser reemplazado, excepto, hasta ahora, el propio Iván Mordisco.