Bernabé «El Berna» López es identificado por autoridades mexicanas y estadounidenses como uno de los operadores más violentos y estratégicos dentro del brazo armado de Los Chapitos, una facción del Cártel de Sinaloa liderada por los hijos de Joaquín «El Chapo» Guzmán. Considerado uno de los principales jefes de sicarios del grupo, El Berna ha ganado notoriedad por su presunta participación en operativos de alto impacto, ejecuciones selectivas y la protección del liderazgo de los hermanos Guzmán Salazar en su guerra contra facciones rivales y fuerzas de seguridad.
Según reportes de inteligencia, El Berna no solo cumple funciones de fuerza, sino que también coordina rutas de tráfico de drogas sintéticas como el fentanilo, una de las sustancias más rentables para el cártel en los últimos años. Su presencia ha sido registrada en estados clave como Sinaloa, Sonora, y Baja California, donde presuntamente dirige células criminales dedicadas tanto al trasiego de narcóticos como a actividades de extorsión, secuestro y lavado de dinero.
Alias el «Berna»
Diversas investigaciones señalan que su estructura opera con una mezcla de brutalidad y disciplina, características que le han permitido mantenerse como un actor relevante en la escalada de violencia entre cárteles, como el cartel Jalisco Nueva Generación. Además, informes no oficiales aseguran que El Berna ha sido pieza clave en el reclutamiento y entrenamiento de nuevos sicarios, muchos de ellos jóvenes cooptados por la promesa de poder, dinero y protección.
Aunque su perfil aún no ha alcanzado el nivel mediático de otros capos, su influencia dentro de Los Chapitos y su reputación en el mundo criminal lo convierten en un objetivo prioritario para las autoridades. En el contexto de la guerra contra el narcotráfico, El Berna representa el tipo de liderazgo criminal que combina la operación violenta con una estructura semi empresarial, lo que lo vuelve especialmente peligroso y difícil de rastrear.