Lo que sería una limpieza de alcantarilla previa a la temporada de lluvias en el barrio Siloé, de la comuna 20 de Cali, terminó revelando un horror que estremeció a toda la ciudad. En una alcantarilla del barrio, trabajadores municipales encontraron restos humanos y una prenda de vestir que no tardaron en convertirse en la pieza clave para esclarecer la desaparición de dos jóvenes que habían sido reportadas como desaparecidas once días atrás: Karen Gissel Canelo, de 21 años, y Elizabeth Alejandra Rojas, de 17 años.
El hallazgo obligó a activar una investigación urgente por parte de la SIJIN. Entre los indicios recuperados había fragmentos óseos y prendas de vestir, entre ellas un top azul, pieza fundamental para vincular el caso con la familia de Karen, quienes mencionaron que ella lo llevaba el día que salió de su casa junto a Elizabeth. Las jóvenes habían avisado que irían a realizar trámites, pero sus últimas conexiones en redes sociales mostraron una ubicación distinta: Siloé. Esa fue la primera alerta para sus familiares, quienes, angustiados, iniciaron una búsqueda desesperada.
Karen Gissel Canelo y Elizabeth Alejandra Rojas asesinadas en el barrio Siloé en Cali.
La investigación avanzó rápidamente gracias a la comunidad, que señaló a dos hombres del sector: Germán Ñáñez y su hijo, Michael Lenis. Vecinos afirmaron haber visto a las jóvenes subir por las escaleras que conducen a su vivienda. Según la versión de Michael —hoy condenado a 53 años de prisión— las víctimas no fueron invitadas a una fiesta, sino que llegaron engañadas bajo la excusa de un supuesto negocio. Él confesó que las asesinó por órdenes de un tercero, en represalia por la pérdida de una mercancía.
Días después del primer hallazgo, un habitante de calle encontró más restos en el río Cañaveralejo, envueltos en sábanas provenientes de la casa donde ocurrieron los hechos. Pese a los intentos de limpieza, los investigadores confirmaron la presencia de rastros de sangre en el baño, cortinas, ropa y desagües de la vivienda.
Mientras Michael asegura que su padre es inocente, las autoridades sostienen que ambos participaron. Para las familias, la herida sigue abierta. Karen y Elizabeth no solo fueron víctimas de la violencia, sino de una cadena de engaños que les arrebató sus sueños. Hoy, sus seres queridos siguen luchando por mantener viva su memoria y por obtener justicia completa.