Alias ‘Mamera’ imponía su ley en San Juan de Miraflores, Perú, con una mezcla de violencia y control absoluto. Luis Rodríguez Rodríguez, conocido por su apodo tomado del barrio caraqueño donde nació, construyó un reinado de terror desde 2020, tras la caída de ‘Maldito Cris’. Su voz, registrada en interceptaciones, refleja la arrogancia de quien se creía dueño de calles, negocios y vidas. Bajo su mando, la trata de personas se convirtió en una industria, donde mujeres eran explotadas bajo el concepto de estar “multadas”, obligadas a entregar todo a la organización. Quien desobedecía simplemente desaparecía.
El perfil de ‘Mamera’, según exdirectores de la Policía Nacional del Perú, era el de un psicópata; despreciaba la vida y perseguía el dinero fácil. No actuaba solo. Neutralizó rivales como ‘Cholo Isaac’ sacó del camino a mujeres que servían de enlace al Tren de Aragua, y hasta ofreció recompensas para eliminar a oficiales que lo enfrentaron. Con apenas 30 años, acumulaba un prontuario que lo convirtió en pieza clave de la expansión criminal en Sudamérica y, más tarde, en Europa.
Su ambición lo llevó a España, donde creyó hallar refugio. Pero la Interpol lo seguía de cerca. Fue capturado en Madrid cuando salía de una vivienda con su pareja, sin oponer resistencia, aunque negando su identidad. Ahora enfrentará un proceso de extradición a Perú.
Alias ‘Mamera’ capturado en Madrid España
El caso de ‘Mamera’ confirma que el Tren de Aragua no es solo un grupo delictivo: opera como un holding del crimen, con tentáculos en narcotráfico, minería ilegal, contrabando y trata. Su expansión trasciende fronteras, usando a migrantes como mano de obra y buscando alianzas con bandas locales en Europa. La captura de ‘Mamera’ plantea un dilema: ¿es apenas un engranaje o el puente que permitiría consolidar al Tren de Aragua en el Viejo Continente? La respuesta, por ahora, sigue en manos de la justicia.