La estructura interna del régimen venezolano se mantiene rodeada de discursos de unidad, pero puertas adentro conviven tensiones, desconfianza y ambiciones. En ese tablero político destacan dos apellidos que según analistas y exfuncionarios, reclaman protagonismo en la reorganización del poder chavista: Delcy y Jorge Rodríguez. Ambos ocupan posiciones neurálgicas dentro del gobierno de Nicolás Maduro y se han convertido, para críticos y opositores, en símbolos de lealtad férrea, pero también de disputa interna.
Delcy Rodríguez, actual vicepresidenta, maneja las llaves diplomáticas del régimen, administra la política económica y ha sido una pieza visible en la interlocución exterior. Jorge Rodríguez, por su parte, controla el engranaje legislativo como presidente de la Asamblea Nacional, órgano que ha respaldado decretos, reformas y consolidación de control institucional. Juntos conforman una dupla influyente que, de acuerdo con opositores y voces militares disidentes, busca asegurar espacios estratégicos en la eventual transición o redefinición del régimen de Maduro.
Diosdado Cabello y Delcy Rodríguez, miembros de la estrutura interna del régimen venezolano.
Pero su ascenso también ha levantado resistencias. En los sectores más radicales de la dictadura venezolana, el nombre de Diosdado Cabello representa un contrapeso histórico. Considerado “superministro” informal, Cabello conserva influencia militar y partidista. Su figura, según especialistas venezolanos en derechos humanos, observa con recelo cualquier intento de consolidación paralela. Rumores, declaraciones públicas y discursos televisados han alimentado la percepción de una rivalidad creciente, alimentada por sanciones internacionales, presiones económicas y episodios de corrupción.
A ello se suma la herencia política de los Rodríguez. Hijos de un dirigente socialista asesinado en los años setenta, fueron incorporados por Hugo Chávez como cuadros cercanos e ideológicos. Con Maduro, no sólo ampliaron su margen de decisión, sino que ingresaron a círculos sensibles del manejo económico y petrolero. Ese terreno —el de los recursos y el poder financiero— ha sido señalado por opositores como el verdadero epicentro de la competencia interna.
Mientras el país enfrenta un éxodo histórico, crisis social y una economía devastada, la elite gobernante parece debatirse en luchas internas. Analistas coinciden en algo: si Maduro dejara el poder, la disputa por la jefatura no sería política, sino de supervivencia. Y en esa ecuación, los apellidos Rodríguez y Cabello representaría una guerra sin cuartel.