Lo que parecía un viaje de trabajo terminó en pesadilla con el Cartel Jalisco

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Todo comenzó como un viaje de trabajo. Siete mujeres colombianas aceptaron la invitación de unas supuestas amigas mexicanas para asistir a fiestas en Tabasco. Lo que no sabían era que estaban cayendo en una trampa tendida por el Cártel Jalisco Nueva Generación, uno de los grupos criminales más temidos de México. Saulo, alias «El Jaguar», fungía como intermediario: un proxeneta encargado de reclutar mujeres para los jefes del cartel.

Al llegar a una finca aislada en Tabasco, las mujeres fueron despojadas de sus celulares y obligadas a arrodillarse mientras les apuntaban con metralletas. “Nos dijeron que ahora trabajamos para ellos”, recuerda Sofía, quien habló bajo anonimato. Saulo tenía una deuda con el cartel, y ellas habían quedado como garantía. A varias las obligaron a acostarse con escoltas armados. A Sofía no la tocaron; el jefe “quiso quedarse con ella”.

Colombianas secuestradas por el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG)

La desesperación creció. Una de las víctimas, al borde del colapso, envió audios a su madre pidiéndole que cuidara a su hijo. Eso desató una cadena de alertas. Las autoridades mexicanas y colombianas lograron localizarlas en un motel entre Villahermosa y Cárdenas. Fueron rescatadas por la policía, aunque por miedo negaron ante la fiscalía haber estado secuestradas.

“Nos iban a vender, vivas o muertas. Sí muertas, por los órganos”, cuenta Sofía. Hoy, sobrevive con una cicatriz invisible, convencida de que la avaricia casi le cuesta la vida. Y con un mensaje claro: nunca más.

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