Detrás de la figura de Iván Mordisco, líder del Estado Mayor Central (EMC) de las disidencias de las FARC, opera una estructura compuesta por hombres que manejan parte esencial del poder armado, económico y territorial de la organización. Son jefes que no solo ejecutan las directrices del comandante, sino que además libran disputas internas que han agudizado la violencia en regiones del sur del país.
Uno de los más influyentes es Ebimelec Eregua Torres, alias ‘Alonso 45’, considerado el segundo al mando tras la ruptura entre Mordisco y Calarcá Córdoba. Con más de 25 años en las FARC y múltiples órdenes de captura, Alonso 45 se ha consolidado como operador logístico, articulador de finanzas ilícitas y pieza clave para presionar a autoridades locales, especialmente en épocas electorales. Su dominio se extiende por Caquetá y Putumayo, donde impone control territorial y coordina acciones armadas.
Ebimelec Eregua Torres, alias ‘Alonso 45’ cabecilla principal de la estructura Carolina Ramírez.
Otro de los hombres más temidos es Jacobo Iván Idrobo, alias ‘Marlón’, jefe de los frentes Carlos Patiño y Jaime Martínez en Cauca y Valle del Cauca. En menos de dos meses, Marlón ha sido señalado como responsable de más de diez atentados, incluidos ataques con drones bomba, cilindros y explosivos improvisados. Su capacidad de reclutamiento y su dominio sobre corredores estratégicos lo han convertido en un actor decisivo para sostener la guerra contra Calarcá y para ejercer presión en regiones donde las disidencias buscan intimidar a la población.
A estas figuras se suman otros mandos como alias ‘Willy Costeño’, quienes alimentan el engranaje militar y económico que respalda a Mordisco. Todos ellos integran una especie de “sala de juntas” criminal que define operaciones, administra hombres y recursos, y mantiene bajo amenaza vastas zonas del país.
En medio de esta compleja red, expertos advierten que, si Iván Mordisco llegara a faltar, estos comandantes ya están posicionados para disputar su sucesión, lo que podría profundizar aún más la degradación del conflicto interno. Son los hombres detrás del líder, preparados no solo para sostener su poder, sino para heredar la jefatura de la disidencia más peligrosa del país.