En los últimos años, el uso de vehículos eléctricos personales se ha disparado en Bogotá. De acuerdo con una encuesta del Observatorio de Movilidad publicada en 2024, en la ciudad circulan más de 114.664 unidades de transporte alternativo, de las cuales el 45,73% corresponde a movilidad eléctrica. Entre ellas, sobresalen las patinetas y los ciclomotores, que hoy son una alternativa masiva y económica para movilizarse.
Pero ese mismo crecimiento abrió un nuevo nicho para la delincuencia. Las patinetas eléctricas se convirtieron en un botín codiciado: pueden venderse fácilmente, alcanzar precios de hasta 10 millones de pesos y casi no existen mecanismos de control o trazabilidad. Un vehículo liviano, rentable y de fácil reventa es, para los ladrones, un negocio irresistible.
Aunque para 2025 aún no existen cifras oficiales consolidadas sobre robos de patinetas, la comunidad de usuarios eléctricos sí percibe un aumento. Vanessa Tache, líder de una de las redes más grandes de movilidad eléctrica, asegura que durante el último año el robo de estos vehículos aumentó un 53%, registrando más de 90 casos solo reportados en la página de Electrocomunidad. Una cifra que, advierte, podría ser mucho mayor si se contaran los incidentes no denunciados.
Los puntos más críticos de hurto están ubicados en zonas estratégicas de gran flujo peatonal y comercial: La Castellana, la Calle 116, la Avenida de Las Américas y, especialmente, la localidad de Kennedy. Sin embargo, los robos se presentan en toda la ciudad sin distinción de horario.
Robo de patineta eléctrica en Bogotá.
La violencia con la que operan los delincuentes también está en aumento. Muchas víctimas relatan que los agresores actúan en grupo y con extrema brutalidad. Felipe Robles sobrevivió a uno de estos ataques en julio de 2024, cuando dos sujetos intentaron robarle su patineta en el puente de la Calle 153 con Autopista Norte. En medio del robo, fue arrojado al carril de TransMilenio y cayó desde una altura de ocho metros. Casos como el suyo se repiten con armas blancas: cuchillos, machetes y amenazas de muerte para asegurar el hurto.
El mercado ilegal de patinetas se mueve tanto en calles como en plataformas digitales. En sectores como la Calle 13 se han encontrado bodegas donde almacenan vehículos robados, además de locales que comercializan repuestos que podrían presuntamente provenir del mismo crimen. La otra vitrina es internet: redes sociales y plataformas de venta se han convertido en el canal perfecto para camuflar lo robado, con mínima verificación y comprador dispuesto.
Para comprobarlo, se realizó un experimento: se ofreció una patineta cuyo precio comercial es de alrededor de cuatro millones de pesos, pero se publicó por solo un millón. Más de 20 interesados contactaron en pocas horas, muchos ofreciendo intercambios o pagos inferiores. Incluso, tras advertirles que el vehículo era robado, algunos compradores continuaron dispuestos a adquirirlo. Una muestra evidente de cómo la demanda alimenta un negocio que opera sin freno.