El alcohol y el volante continúan siendo una combinación letal en las calles del país. A pesar de las campañas de prevención y los controles de tránsito, cientos de conductores siguen tomando la decisión de manejar bajo los efectos del alcohol, poniendo en riesgo su vida y la de los demás. En diferentes centros de bares y discotecas se evidenciaron decenas de motociclistas consumiendo licor junto a sus cascos, y saliendo por su vehículo con botellas en mano. Para muchos, la sensación de control es engañosa. El alcohol altera la percepción, reduce los reflejos y genera una falsa confianza que lleva a acelerar más de la cuenta, aumentando exponencialmente el riesgo de un accidente.
En lo corrido de 2025, más de 533 personas han perdido la vida en siniestros viales, muchos de ellos relacionados con el consumo de bebidas embriagantes. Las autoridades de tránsito reconocen haber sorprendido a más de mil conductores manejando en estado de embriaguez, especialmente en localidades como Kennedy, Engativá y Suba, donde los operativos se intensifican ante la alta reincidencia.
Vehículo accidentado por presunto conductor en estado de alicoramiento.
El testimonio de un conductor que acepta haber manejado borracho evidencia la magnitud del problema. Él acepta haberse escapado de varios puestos de control, incluso sobornando a los agentes de tránsito para librarse: “En una sí me libré, me tocó literalmente escaparme y en la otra sí llegué a acordar con él. Fue como un tipo de soborno para que me dejara ir”. Su imprudencia ha llegado al punto de manejar sin siquiera recordarlo: “Una vez sí tomé bastante y tenía el carro, la verdad no sé cómo llegué a la casa. Me fui demasiado borracho, no sé ni cómo entré el carro, la verdad”.
Los expertos advierten que incluso con un grado cero de alcoholemia —equivalente a una cerveza o una copa de vino— el sistema nervioso comienza a verse afectado. La visión, la coordinación motora y la capacidad de reacción se deterioran progresivamente, mientras el cuerpo tarda horas en eliminar completamente el alcohol ingerido.
Aunque la Policía despliega más de una decena de puestos de control en corredores estratégicos, vigilar cada salida de bar o discoteca es casi imposible. Por ello, insisten en la corresponsabilidad ciudadana y en alternativas como el conductor elegido, una opción que demuestra que prevenir una tragedia depende, en última instancia, de la voluntad individual. Al final, no se trata de dinero ni de sanciones. Un solo giro del volante bajo los efectos del alcohol puede cambiarlo todo. Manejar borracho es una decisión que puede costar vidas.