En el barrio Cristóbal Colón, al oriente de Cali, ocurrió uno de los crímenes más impactantes registrados en el 2024. María Victoria Loaiza, una mujer de 61 años, abrió las puertas de su vivienda con la intención de obtener un ingreso extra arrendando una habitación por 250 mil pesos mensuales. Lo que nunca imaginó es que esa decisión marcaría su destino.
Su inquilino, Mateo Alejandro Trujillo, de 27 años, declaró ante las autoridades que llegó al lugar buscando “una pieza más digna, con Internet y condiciones decentes”. Según su versión, pocos días después comenzó a sospechar que el dinero que guardaba en una alcancía estaba siendo manipulado, situación que lo llevó a confrontar a la familia. Freddy, hijo de María Victoria, asegura que jamás tocó sus pertenencias y afirma que, por el contrario, el joven comenzó a acosar a su madre enviándole mensajes provocativos durante la madrugada del 12 de febrero.
María Victoria Loaiza asesinada por su inquilino Mateo Alejandro Trujillo en Cali.
La tensión escaló en cuestión de horas. El 13 de febrero, hacia las 3:40 p. m., la discusión se salió de control. De acuerdo con el expediente judicial, Mateo atacó primero a María Victoria con un arma blanca, ocasionándole heridas mortales. Freddy, al intentar defenderla, también fue brutalmente agredido. Recibió cerca de 30 puñaladas, según el dictamen médico que le salvó la vida gracias a una intervención de urgencia.
Mientras Freddy luchaba por respirar, observó lo que describe como la escena más dolorosa de su vida: su madre agonizando frente a él, llena de sangre y sin posibilidad de recibir ayuda inmediata. “Yo no me puedo ir, ¿qué va a pasar con mi hijo?”, recuerda que fueron sus últimas palabras.
Minutos después, vecinos lograron retener al agresor hasta la llegada de las autoridades. El dictamen de Medicina Legal reveló heridas de extrema violencia en la víctima, incluida una lesión en la vena aorta y mutilaciones en los dedos. Mateo Alejandro Trujillo fue condenado a más de 22 años de prisión. Durante su declaración expresó que actuó “por rabia”, aceptando haber cometido el crimen impulsivamente.
Este caso abre un debate necesario: ¿sabemos realmente a quién dejamos entrar cuando alquilamos una habitación en nuestro hogar? La tragedia de María Victoria y su hijo Freddy recuerda que, a veces, una decisión rutinaria puede convertirse en una pesadilla irreversible.